¡¡¡¡¡¡¡QUIERO UNA ENTRADA PARA LOS FABULOSOS CADILLACS... EN EL CLUB HÍPICO¡¡¡¡¡
Los
Fabulosos Cadillacs regresaron. Es verdad, a esta altura no es novedad, más
bien un recordatorio clave de lo que merecen, pero a la vez, lo que nosotros
merecemos. El problema, la desazón: que la mitad del álbum no es
“nuevo” sino que podríamos considerar las reversiones (en este caso 6) como un
tributo de sí mismos. Es verdad que tienen todo el derecho a divertirse, pero
lo presentado en los memorables “Hola” y “Chau” (los nuevos arreglos de sus
oxidados temas) mata la novedad. Si, es cierto, este contexto de regreso
resulta incómodo de analizar. A kilómetros del “Vasos Vacíos” y lejos de los
noventa.
La pregunta se hace evidente, entonces.
¿Qué méritos posee La Luz del Ritmo?
No mezclemos. La trayectoria no se remite a un disco,
menos aún ad-portas de su ansiada presentación. Pero sigamos el análisis.
Cinco temas nuevos, seis “versiones renovadas” de
temas propios y dos covers. El primer single (extrañamente) es precisamente uno
de los “remakes”: la epifánica “Padre
Nuestro” (1995) sale a la luz como una cumbia que agrega
matices de milonga, segundos de tango, quizás vallenato, el aire latino a
respiros profundos alineados en sazón sandunguera, como bien diría un irónico
humorista. Los Fabulosos son artistas fusionando, y decir que este tema suena
mal sería un crimen, pero... ¿Qué
méritos le resta a la versión original?
No perdamos la objetividad.
No es un juicio social. Situémonos en una
conversación prodigiosa entre fanáticos obsesivos e intelectuales, palabra
fetiche de algunos.
¿Covers?
Así es.
The Clash a escena. “Should I Stay or Should I Go?”
Buen tema. Reclama idolatría a los londinenses, con
el agregado de la traducción.
Mmm. OK, mi revisión suena a crítica, pero no la es.
Pero traducir himnos generalmente es un trabajo de titanes, que esta vez queda
con saldo negativo.
Wake Up
and Make Love with me (de Ian Dury)
es el Segundo.
OK. Esta vez es Spanglish.
Algunos temas antiguos tienen una energía intrínseca
a su concepción. Maniatarlas y segregar sus células no parece ser una idea a
seguir. Está claro que los Cadillacs quisieron arrebatarle la sensualidad
funkera y otorgarle una alegría que altera su adn y hace peligrar el
experimento.
Malbicho
(soulbacho version)… difícil explicar. Este tema fue el que opacó en
agraciada presencia a “Matador”. Y lo digo de buen pie, pues muchas bandas
mueren a veces detrás de un megahit. Un tema de estas características vive en
un tiempo y espacio constante e inalterable, con alma propia, que siempre suena
nueva y fresca, espontánea y eterna.
¿Para qué romper esa mística?
No soy un juez. Simplemente soy una opinión. Sólo
una.
“El genio
del dub” es un enlace perfecto. Trompetas y guitarras aliadas
con ritmo y algarabía. Siempre les ha funcionado. “Basta de llamarme así”, melancólica
viajando sobre notas graves de un bajo seductor, en clave reggae acelerado con
arreglos orquestales que limpian la versión anterior. “Muy muy temprano” para muchos sonará
a nueva. Incluida en Yo te Avisé!
(1987) y mantiene la línea original, desempolvando melodías de cassette. Un
buen y atmosférico reggae a la lista.
“Los
Condenaditos” al final. Con respeto. A su origen y a lo que
significa para muchos. En ella se respira evolución. Una evocación de placer
oculto, el final preciso, una precisa (y preciosa) relectura, de créditos
compartidos entre Vicentico y el fallecido Toto (el disco a su memoria).
Lúgubre jazz, iluminado final.
EN ESTE MOMENTO, DEJO LA OBJETIVIDAD DE LADO.
LO NUEVO DE LOS CADILLACS SUPERA MI RACIONALIDAD.
“La luz del
ritmo” es EL SONIDO ORIGINAL. El sonido que pervierte
Latinoamérica. Un tema de amor, de fiesta, de unión. De celebrar estar aquí.
Resulta extraño que no fuese este el primer sencillo. Bajo “Matador”, sobre “La
Vida”.
Los Fabulosos Cadillacs no regresan del lugar donde
abandonaron al mundo. Su vida individual está en ellos, y se plasma en el
grupo, en la vida común. Parten de un presente renovado. “Flores” con coros y
multitudes, elíxir clásico enfocado en la percusión, alineado en la guitarra,
centrado en nosotros. Suena a The Clash en versión latina, “Old School” dirían
algunos. No es detenerse en fórmulas, no es ausencia creativa. Si hablamos de
raíces, qué mejor ejemplo.
QUIERO
ESCUCHARLA EN VIVO.
“Nosotros Egoístas” se define
como la excepción. Es un nuevo sonido. Esta vez canta Flavio (quien la escribió) hasta que
Vicentico y su amarga voz (lo único amargo en él) lo acompaña. La guitarra vaga
entre a felicidad de su sonido y la melancolía de su letra. Conmovedora y
controversial. “Hoy” es
viento puro. Emocional. “El fin del
amor” es otro hit. Guitarra, bajo y voz, tríada maestra.
Las versiones originales retumban en mi cabeza. Son
poesías y estados de ánimo. Quizás verlas de otra forma me complica, me
perturba y me descoloca. Es que son demasiadas veces, una y otra vez, en
instantes memorables, en instancias comunes, en rutinas constantes.
Pero agradezco lo nuevo. Porque por eso seguimos
adelante. Vivimos.
Para recordar, y seguir viviendo.
Los Fabulosos Cadillacs no son mi vida. Están a mi
lado.
Y todos necesitamos compañía.
Vale la pena es una ofensa. Mejor digamos: Más de
aquello que necesitaba.
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